domingo, marzo 17, 2013

famiLIAR


El ego del perverso narcisista es el motor de todas sus acciones, de su auto satisfacción, de su comportamiento manipulador, del ataque silencioso contra sus victimas, de la negación de su enfermedad.
Debajo de ese enorme ego, se oculta una persona con una autoestima muy baja, sensación irrealista, de poca valía personal e inmadurez emocional.
Los motivos que convierten a un ser en un Perverso Narcisista, son múltiples. Excesiva admiración por parte de la madre en la etapa de la infancia, baja autoestima, carencia de afecto.

Durante su infancia, y a fin de protegerse, los perversos tuvieron que aprender a separar sus partes sanas de sus partes heridas. Por esta razón, siguen funcionando de una manera fragmentada. Su mundo se divide en lo bueno y lo malo. Proyectar todo lo que es malo sobre alguien les ayuda a sentirse mejor en sus propias vidas y les garantiza una cierta estabilidad. En un registro casi delirante, desconfían de los demás y les atribuyen una malevolencia que no es más que una proyección de su propia maldad.

Los perversos, del mismo modo que los paranoicos, mantienen una distancia afectiva suficiente que les permita no comprometerse realmente. La eficacia de sus ataques es un resultado del hecho de que ni la víctima ni un observador externo pueden imaginar que alguien carezca hasta tal punto de atención o de compasión ante el sufrimiento ajeno.

"Los perversos entran en relación con los demás para seducirlos. A menudo, se los describe como personas seductoras y brillantes. Una vez que se ha pescado al pez, basta con mantenerlo enganchado mientras se le necesite. El otro no existe, no se le ve ni se le escucha; es simplemente «útil». En la lógica perversa, no existe la noción del respeto al otro.



LA COMUNICACION PERVERSA:

Procedimiento verbal habitual en los perversos: utilizar un lenguaje técnico, abstracto y dogmático que obliga a su interlocutor a considerar cosas de las que no entiende nada y sobre las cuales no se atreve a preguntar por miedo a parecer imbécil.
Las víctimas cuentan a menudo que los argumentos de sus agresores son tan incoherentes que lo que deberían hace es morirse de risa.


El perverso se las arregla para comunicarle a la víctima, con mensajes a veces confusos, que es el único capaz de entenderla. Que no habrá nadie mejor que él, y que todo ese padecimiento por parte de la víctima son pura y exclusivamente generados por ella. Se mostrará dispuesto a ayudar a la víctima, la aconsejará y hasta le dará un plan a cumplir entre ambos para que ese vínculo querido, crezca y se fortifique. Sin embargo, manejará los cómo, cuándo y dónde. Luego de ofrecer su ayuda, el perverso se retirará y hasta podrá desaparecer, haciendo uso de su juego, en tanto que la victima sufrirá esperando su presencia.

Las víctimas de los perversos, en un movimiento altruista ilusorio, se resignan de este modo a someterse a sus abusos. Al tiempo que se quejan de las actitudes negativas de su agresor, siguen idealizando sus aspectos positivos (es muy inteligente, es un buen profesional....)


LA DUDA

Se trata de un proceso impensable. Las víctimas, así como los eventuales testigos, no pueden creer lo que tiene lugar ante sus ojos, pues, a menos que también se trate de perversos, esta violencia que carece completamente de compasión les resulta inimaginable. Se tiende a atribuir al agresor unos sentimientos (culpabilidad, tristeza, remordimiento) que no tiene de ningún modo. La víctima no puede comprender, se queda anonadada y niega la realidad de algo que es incapaz de ver: “No ha podido ocurrir esto, no me lo puedo creer!”.

Frente a esta violenta repulsa, percibida pero verbalmente negada, las víctimas intentan comprender y justificarse en vano. Buscan razones que expliquen lo que les ocurre…..”¿Qué he hecho para que me traten de esta manera? ¡Tiene que haber sin duda una razón!” Buscan explicaciones lógicas, pero el proceso es autónomo y no tiene nada que ver con ellas.